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Cobertura Estridente

Antics: 20 años perpetuando la grandilocuencia de Interpol

today12/04/2024

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En septiembre de 2004 el mundo escuchó por primera vez una de las obras musicales más destacadas de toda la década: Antics de Interpol, una banda que venía de un notable éxito en las esferas de culto gracias a su primera entrega, Turn On The Bright Lights, por su sonido post punk, por su estética gris, por su sobriedad y frescura al mismo tiempo.

Antics rompió este concepto de “banda de culto” pero también hizo una reafirmación que perdura hasta nuestros días:  Interpol suena a Interpol.

La crítica estuvo dividida todo el tiempo en que, si el álbum había decepcionado por ser un acercamiento demasiado pop de una banda independiente, o si era una entrega realmente brillante por su homogeneidad y su justo balance entre luces y sombras sonoras.

Los datos duros sobre este álbum nos hablan de un gran número de copias vendidas alrededor del mundo, ediciones especiales, rarezas, B-sides y remixes que apenas lograron satisfacer el apetito de quien se unía apenas a escuchar a Interpol con el Antics como introducción. Muchos de esos nuevos escuchas regresaron al primer trabajo de la banda y se quedaron para ser fans devotos de su sonido álbum tras álbum posterior.

Pero ¿De qué se trata Antics? Es un viaje en el que Next Exit nos abre la puerta para salir de donde quiera que hayamos estado antes de escuchar semejante introducción al órgano. Es un paseo por lugares conspiranóicos y eróticos que provienen de la psique de un recién veinteañero.

Paul Banks, que con el paso de los años ha enamorado al mundo con su poesía y punto de vista particular sobre el amor y el sexo, sobre la depresión y la miseria, todo esto fundido en un redondo estilo musical cultivado por sus partners in crime: Daniel Kessler, Sam Fogarino y, en su momento, Carlos D.

La realidad es que Antics acercó a Interpol a mucho más público de una manera aterradora y no por “haberse vendido a un sonido más digerible”, sino por lograr lo que ahora, 20 años después, podemos escuchar en él, que sin duda corresponde con una evolución musical perfecta de un primer álbum a una segunda entrega. Las segundas partes a veces son mejores que las primeras, por muy de culto que sea el TOTBL y por mucho cariño que se le tenga. Antics fue superior.

Todavía recuerdo ese momento hace 20 años cuando mi camino musical fue trastocado por un títere en la MTV. Todavía me acuerdo de lo que sentí al escuchar mi primera canción de Interpol: Evil. Por supuesto que además de ese impacto juvenil, hubo un desarrollo en la perspectiva que tenía de esa canción posteriormente. Por cierto, Norman, el títere, está valuado en una cantidad obscena de dólares, muy buscado por coleccionistas y muy avejentado. Han pasado 20 años.

Con el tiempo que ha pasado y la documentación e instrucción musical que ha acumulado su servidora, Evil continúa siendo una canción espectacular; no solo lo digo yo, lo dice la ciencia: Evil tiene una de las introducciones y líneas de bajo más icónicas y reconocibles de la historia musical en la década de 2000 a 2010. Es tan escuchada que, como muchos singles, se pasa ya por alto su significado y su valor sonoro, pero afortunadamente al continuar con los siguientes cortes del Antics, reafirmamos que lo que estamos escuchando no es un álbum de una sola canción buena, es un monstruo musical que es imposible parar de escuchar y que a cada momento te sumerge de la manera más fina en el vertiginoso bucle de melancolía y erotismo que, 20 años más tarde, ya sabemos que es la marca de Paul Banks y compañía.

Take You On a Cruise, Narc, Slow Hands suenan a un gran escape. Sí, este álbum suena “digerible” (¿en serio?), pero es apropiado. Necesitamos aventurarnos en él fluyendo con él al escucharlo. Es un gran trabajo cuando te das cuenta de que no quieres saltar ninguna canción, porque las sensaciones están íntimamente conectadas en cada corte del álbum. Cada canción nos lleva por un nivel distinto de esta película en rojo, negro y blanco. Y por supuesto que tenemos el corazón roto del recién no adolescente Paul Banks en C’mere (es la contracción de la frase Come Here, que es un símil a lo que podríamos nosotros mencionar en mexa como Vente pa’ca), que conectó inmediatamente con las juventudes deseosas de dedicar canciones a sus amores no correspondidos y seguramente ahora todavía invocan ese recuerdo cuando vuelven a reproducirla. Y la siguen dedicando.

Las canciones finales del Antics nos hunden cada vez más en el desespero emocional: Public Pervert que nos da una escena puramente sexual a cuenta gotas, con frases e insinuaciones líricas y musicales que nos internan en una inocencia lasciva, después poco visitada por Interpol, porque se convirtieron en genios literarios de la poesía erótica con imágenes por demás bellamente explícitas, pero que en esa pieza en particular marcaron una pauta de cómo describir juvenilmente esas emociones mezcladas con los instintos hormonales que se generan por el ser amado en turno.

No podemos omitir el casi hit radial Length of love que parece una juguetona pieza sexy, nos prepara para un magnífico final en A time to be so small, que marcó la tradición en los álbumes de Interpol de terminar con una canción rugosa y oscura; si escuchan las canciones finales de los álbumes de Interpol sabrán específicamente a qué atmósfera me refiero.

A lo largo de estos 20 años, Antics también ha envejecido, tiene arrugas, huesos rotos y manchones. No es la expresión artística perfecta, dicho por el mismo Paul Banks, pero ¿cómo no reconocer un gran trabajo realizado por unos jóvenes en sus veinte, y cómo no impresionarse por el resultado ya a veinte años ha?

Ser fan o no ser fan, sea el mejor o el peor álbum de Interpol, aquí no es lo importante. Lo más importante es que Interpol se mantiene evolucionando ese llamado “sonar a Interpol” y somos, ahora en México, uno de los mercados principales donde se escucha su música. Nos hemos esforzado en mantenerlos vigentes y ellos se han enfocado en mantenernos hambrientos, esperando la siguiente entrega y que pasen otros 20 años y continuemos escuchando Antics, hasta que estemos como el viejo Norman.

Escrito por Nina Covarrubias

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